Lunes, 21 de abril de 2008
El ser humano es muy curioso. Puede admitir casi cualquier tipo de enfermedad menos una: la locura.
No hay sensación más angustiosa que la de sentir que nuestra consciencia se está degradando. ¿No han sentido nunca ansiedad ante una laguna de memoria? Normalmente suele ser una tontería, pero no recordar algo que acabas de hacer siempre produce una gran desazón.
El ser humano es muy curioso. Puede admitir casi cualquier tipo de enfermedad menos una: la locura.
No hay sensación más angustiosa que la de sentir que nuestra consciencia se está degradando. ¿No han sentido nunca ansiedad ante una laguna de memoria? Normalmente suele ser una tontería, pero no recordar algo que acabas de hacer siempre produce una gran desazón.
Algo parecido suele pasar con nuestros sentidos, especialmente en lo concerniente a vista y oido. Creer haber visto algo cuando en realidad no había nada, o pensar que alguien te ha dicho algo cuando estamos sólos, nos suele dejar "mal cuerpo" por un rato.
Estas situaciones suelen impactarnos de tal forma, que mucha gente suele dotar a estas experiencias de la categoría de lo sobrenatural. Antes de aceptar que podemos estar equivocados, antes de aceptar que lo que vemos y lo que oimos no siempre puede ser auténtico, podemos llegar a crear todo un mundo paralelo y complejo para justificarlo.
Mal que nos pese, incluso nuestros recuerdos pueden estar equivocados. Seguro que alguna vez han vuelto a ver algo después de mucho tiempo y se han llevado una desagradable decepción: creían recordarlo mucho más grande o mejor, pero vuelven a tenerlo delante y se dan cuenta de que el paso del tiempo había idealizado el recuerdo. Esto es algo que los publicistas saben bien, y aprovechan muy ladinamente: crean anuncios en los que nos aparece unas imágenes supuestamente de hace 30 o 50 años, pero terriblemente idealizadas, y tratan de hacer que creamos que nuestra infancia fue similar. A veces llegan al absurdo de mostrar gente consumiendo productos que se inventaron años después o que, sencillamente, no estaban disponibles en nuestro país a la gran mayoría de la gente en la época que simulan.
Con todo esto toda esta dialéctica tan sólo quiero mostrarles una cosa: nunca debemos estar seguros al 100% de nuestra percepción y de nuestros recuerdos. Pero no seamos paranoicos (una serie enfermedad mental, por cierto) podemos estar seguros por lo menos al 95% o más, pero siempre tenemos que ser conscientes de que hay ciertas veces que, sencillamente, nuestro mente falla.
Piensen en ello unos instantes, sin miedo ni arrogancia, y habran conseguido ser personas mucho más dificiles de timar por anunciantes o esotéricos del tres al cuarto.
Por: Dominio de Integridad | Divagaciones | Comentarios (0) | Referencias (0)
despropósito.
1. m. Dicho o hecho fuera de razón, de sentido o de conveniencia. (
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