Lunes, 21 de abril de 2008
¡Ah la tecnología! Es omnipresente en nuestra civilización. Allá donde miremos, ahí está. Muchas veces ni ni siquiera somos conscientes de su sigilosa presencia. Es algo que escapa a nuestro entendimiento: múltiples máquinas demasiado complicadas que hacen lo que no sabemos hacer de otra manera.
¡Ah la tecnología! Es omnipresente en nuestra civilización. Allá donde miremos, ahí está. Muchas veces ni ni siquiera somos conscientes de su sigilosa presencia. Es algo que escapa a nuestro entendimiento: múltiples máquinas demasiado complicadas que hacen lo que no sabemos hacer de otra manera.
Al fin y al cabo, ¿quien sabe como funciona una televisión LCD, el teléfono móvil o los programas de una lavadora? Pocas personas, desde luego. Así que la gran mayoría se ven atadas a unas máquinas que no comprenden, pero sin las cuales no pueden vivir. ¿Y cual es resultado? El único posible: miedo y superstición.
Cuando salieron las primeras cámaras de fotos muchos pensaron que podían robar el alma. ¿Por qué no? A saber como harán esos trastos endemoniados para sacar copias tan perfectas de la gente. Ahora que a todo el mundo se le ha sacado una fotografía y nadie parece haberse quedado sin alma por ello (aunque haya mucho desalmado suelto por el mundo, pero eso es otro asunto), el miedo y la superstición toman formas más actuales. Las videoconsolas hacen que los niños se puedan volver asesinos y el teléfono móvil puede cocer un huevo con la radiación que produce (aunque a alguno pueda parecer una creencia estúpida, este rumor estuvo circulando hace poco tiempo).
Malvada y aviesa tecnología, que es capaz de hacer las cosas mejor que nosotros mismos. En general le tenemos tanta manía que no nos extraña tacharla como la causante de muchos de nuestros males: los accidentes de tráfico ocurren por culpa de la velocidad de los coches, no porque alguien esté pisando a fondo el pedal del acelerador de forma completamente imprudente; los niños se vuelven unos malandrines violentos y marginales por culpa de la televisión, no porque sus padres no les presten suficiente atención a su educación; los datos se pierden porque el ordenador ha dado un error, no porque el funcionario haya presionado el botón que no debía. Incluso un SMS puede provocar dos muertos en Turquía, y nada tiene que ver que los implicados sean más bestias que otra cosa.
Maldita tecnología, menos mal que siempre podremos confiar en los políticos, que como son de carne y hueso, no como la pérfida tecnología, y nos podrán salvar de las malas influencias de la electrónica moderna.
Por: Dominio de Integridad | Divagaciones | Comentarios (2) | Referencias (0)
Di que si, la tecnolog´ñia es la magia moderna, y como futura teleca que soy, me voy a convertir en una de us pocas (aunque cada vez más) brujas, que la gobiernan, aun sin conocer como funciona, porque es aviesa y se esconde con nocturnidad y alevosía. Siempre podemos volver al mundo civilizado, sin tele, ni movil, donde la gente era feliz y vivía alegremente (hasta los 40 eso si, porque te ibas al otro barrio de una simple herida mal curada), si te ponías enfermo, pues te hacián una sangría, nada de estos infernales aparatejos medicos de ahora, que parecen salidos de una nave espacial. Y no te preocupabas de si tus hijos veían mucha tele, porque ya los tenias ocupados trabajando en las fábricas por cuatro duros, y asi si que aprendían cosas de provecho!Ojala volvieeramos a aquellos felices tiempos...
nadeshico | 25-04-2008 12:01:30
Muy cierto. Hasta la producción de las minas de carbón ha bajado desde que ya no se usan niños en las galerías más estrechas...
Por cierto, ahora que dices que es "la magia moderna", la magia clásica está acabada: http://www.ideal.es/granada/20080425/sociedad/bruj...
¡Al fin!
Dominio de Integridad | 25-04-2008 17:48:27
despropósito.
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